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domingo, 3 de abril de 2011

Sexo compro, sexo vendo




Si, hace tiempo que el sexo se ha convertido en mi vecino lejano.
Tanta pastilla, tras pastilla, que me han adormecido la memoria,
el ánimo, mi carácter rebelde... y eso también.

Si hace tiempo que he bajado mi ritmo productivo
ya no tengo esas gana que tenía al bajarme de los 30,
hoy hacerlo resulta un triunfo y una batalla.

Es raro, cuando veo que todo es sexo y que todo se vende con sexo.
Un poto vende mucho más que cien buenas razones.
Todo está sexualizado, ya es tiempo de cortarla ¿o no?

¿Qué hacer si se que es tan bueno hacerlo?
Seguiré por la huella contando margaritas
y cantando ese terrible estribillo de los Prisioneros:
sexo compro, sexo arriendo.

lunes, 21 de marzo de 2011

HORMONAS, las que ordenan nuestras depres

Las hormonas juegan un papel fundamental en el estrés y, por ende, en el dolor y el sufrimiento según ha explicado el doctor Guillem Cuatrecasas, del Servicio de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Teknon-Clínica Sagrada Familia de Barcelona en febrero del 2009, en el II Simposio de Dolor de la Sociedad Española de Reumatología, celebrado en Huelva. Y es que, según ha señalado, el estrés crónico se puede somatizar o expresar en forma de dolor, al mismo tiempo que el dolor es causa de estrés crónico.

“Estrés es una palabra muy habitual hoy en día que se relaciona normalmente con temas laborales, aunque realmente, y desde un punto de vista de la fisiología orgánica, el estrés es cualquier situación que pone al cuerpo en estado de alerta. Cualquier situación que envíe al organismo un esfuerzo suplementario significa estrés metabólico, desde una agresión hasta una situación de miedo, desde un episodio de fiebre a cualquier infección. Y en este sentido, el dolor mantenido es una situación que puede provocar estrés crónico”, ha afirmado el experto.


Una de las patologías reumáticas en las que más claramente se puede observar esta relación, ha subrayado el doctor Cuatrecasas, es la fibromialgia, “en la que coexisten a veces situaciones depresivas importantes que a su vez son situaciones de estrés crónico cuya expresión es el dolor”.


En el ámbito hormonal del estrés, ha explicado el experto, existen básicamente dos ejes mediadores: el eje de los corticoides, que empieza a nivel del hipotálamo con la hormona CRH, continúa a nivel de hipófisis con la ACTH y finalmente llega hasta la suprarrenal liberando corticoides ¿la típica y clásica cortisona-. “Éste es el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal, eje corticoideo, uno de los grandes mediadores del estrés a nivel hormonal”.


Por otra parte existe el sistema adrenérgico, “que es el encargado de hacernos sudar, tener calor, sufrir taquicardias¿ y que depende única y exclusivamente de la adrenalina que liberamos en una situación de estrés”. Es un eje de respuesta inmediata. Ambos ejes están relacionados porque, al final, uno modula el otro, ha indicado Cuatrecasas. “La adrenalina es capaz de modificar el CRH y, a su vez, el cortisol influye sobre la adrenalina”.


Asimismo, el experto ha resaltado que aunque estos son los dos grandes ejes hormonales, existen muchas otras hormonas “que han sido olvidadas y que en una situación de dolor crónico y estrés crónico tienen mucha importancia”. Entre ellas, este experto ha señalado la prolactina “una hormona de estrés importante de la que se desconocen sus acciones” y la hormona del crecimiento “otro gran olvidado que también se sintetiza en la hipófisis y que está muy implicada en algunos subtipos de fibromialgia”.


UNA RESPUESTA INCONTROLABLE


En opinión del doctor Cuatrecasas, en tratamiento aún no existe demasiada alternativa. “El estrés es una respuesta en parte incontrolable y, como tal, no la podemos modular. Realmente, no se puede tratar la cascada de acontecimientos hormonales, es decir, si existe una situación de miedo, se libera mucha adrenalina, es una reacción instintiva, de modo que no existe tratamiento y, además, es bueno tener esa reacción inmediata”, ha afirmado.


Sin embargo, ha añadido, “el problema viene cuando esa reacción se cronifica y da lugar a enfermedades o dolor y, posteriormente, cuando a través del dolor se perpetúa esa cascada”.


Para el experto, se pueden identificar defectos hormonales concretos como, por ejemplo, que la hormona de crecimiento se mantenga en unos niveles muy bajos en un caso de fibromialgia. Ante esta situación, ha afirmado, se puede plantear un tratamiento y dispensar hormona del crecimiento a estos subgrupos de fibromialgia, estrés crónico o dolor crónico, mejorando el dolor.


Tal y como ha ocurrido con la fatiga crónica, en caso de que el trastorno hormonal comprenda unos niveles de cortisol inferiores a los normales, se puede suministrar un suplemento con el objetivo de observar si el paciente es capaz de modificar su dolor.


Sin embargo, ha añadido el doctor Cuatrecasas, aún son pocos los casos de dolor en los que se conoce un único origen y tampoco sabemos si los cambios hormonales son causa o consecuencia del dolor. “Si tomamos la fibromialgia como modelo, concretamente dispondremos de un subgrupo que puede rondar el 30% de los casos donde sí existe un déficit de hormona del crecimiento, pero estamos hablando de un 30%, el otro 70% no tiene esas características hormonales tan definidas. Y si hablamos de cortisol, el porcentaje es aún más bajo”, ha concluido.

sábado, 5 de marzo de 2011

UN CUERPO ENTRISTECIDO




Sin quererlo, sin pensarlo, sin poder detenerlo,

inexplicablemente el vacío se hizo presencia,

¿Cómo puede la NADA, acabar de pronto con el TODO?

Vacío, tristeza, angustia, sensaciones displacenteras.

¿Displacenteras?

Efectivamente, ¿Cómo va a ser grato sentir cada mañana un desgano
que se expresa en un constante arrastrar de pies,
y levantarlos se convierte en un esfuerzo sin sentido?

¿Cómo va a ser grato sentir una tensión muscular y abdominal
que en ocasiones me retuerce dolor y ansiedad
antes siquiera de poner un pie en la ruta?

¿Cómo va a ser grato sentir ahogos, problemas respiratorios,
y pensar que la muerte no es un tema tan lejano?

¿Cómo van a ser gratos esos síntomas gastrointestinales,
que cuando ya he salido de casa y debo devolverme urgentemente
para ensuciarme y cambiarme la ropa recién planchada y puesta?

Perdona que lo diga así pero necesito decirlo,
esa pegajosa mierda expulsada con explosiva locura,
no hace sino mostrar mi pequeñez, mi indigencia,
que es la limitada, precaria, débil vida humana
y que la convierte en mi pobre existencia presente.

Si, no lo niego que son momentos humillantes,
pero una vez que ya han pasado se transforman
en ejercicios que me hacen consciente del valor
de mi débil y poco respetado cuerpo
del que habitualmente no soy consciente
ni tampoco percibo su armoniosa presencia.

Mi cuerpo se vuelve así una constelación de síntomas
Y de reacciones somáticas que me envían mensajes
cuyos códigos aún no he aprendido a conocer.
Mi cuerpo reactiva las sinergías y defensas internas,
sin saber que yo mismo soy su mayor enemigo.

Si, aún no he aprendido a conocer mi bendito cuerpo,
aún me hago el sordo cuando me grita que está agotado,
que está agobiado, que no puede seguir el ritmo loco
de esa carrera que me impone el libre mercado
y sus malditas exigencias de productividad,
competitividad, eficiencia, crecimiento infinito.

UN CORAZÓN ENTRISTECIDO






Un corazón empobrecido, genera pobreza.
Un corazón debilitado genera temores.
Así he sentido a este pobre corazón,
perdido entre mis carreras y horarios de reuniones.

En medio de ellas me contaba su tristeza,
palpitaba más de lo común y pedía una pausa.
Llegó en un momento casi a presentar su renuncia,
tuvimos que detenernos para mirarnos y conversar,
antes que el decidiera detenerse por su cuenta.

Allí estaba en medio del ulular de las ambulancias,
corriendo en medio de la ciudad para llegar a tiempo.
Me pusieron cables, ramas para proteger y dar vida.

Un camillero grande y fuerte me llevó a una pieza,
al entrar observé en las sombras a un anciano agonizante.
No hallé nada mejor que hacerle ver mis inquietudes:
¿No tiene otra pieza dónde llevarme?
¡Este Señor esta a punto de irse y yo no estoy tan mal!
¡Eso es lo que usted cree caballero!
Fue su respuesta acompañaba de su brutal sicología.

¿Eso es lo que yo creo? –fue mi pregunta de esa noche-
solo junto a un anciano en pausa,
desconectado ya de las relaciones.

¿Eso es lo que yo creo?
Creo que estoy bien a pesar de estar mal,
que la oficina se detiene sin mi presencia,
que mi casa es una sucursal de mi trabajo,
que soy el súper hombre que debe saber y hacerlo todo.

Nadie más que mi pobre corazón entristecido
me acompañaba en esa noche de UTI y de aullidos.

Por mis sorderas ante tus mensajes y gritos…
te he entristecido, mi corazón adolorido.