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domingo, 9 de octubre de 2011

Ese sabor a deuda

Me levanté con ese sabor a deuda,
la vida me debe algo,
mi cama me debe horas de sueño,
la TV me debe más calidad en sus programas,
este diario penoso me debe alegría y esperanza,
esta noche larga me debe un segundo
de piel, espasmos y transpiración.

Me levanté con ese sabor a deuda,
me deben, me deben mucho.
Pero yo también debo y mucho.
Debo paz, quietud, acogida,
debo un tornillo que hace tiempo he perdido,
debo una protesta a esta TV que apesta,
debo una caricia hace mucho,
debo una sonrisa hacia mi rostro
y esta papada que crece y crece.

Debo tanto y me deben tanto…
Al fin si cobro a mis deudores,
me miran y no me pagan…
 entonces ¿qué queda por hacer?
Nada, hacer nada.


Tampoco pagos mis deudas
y seguimos este eterno juego
entre deudores inmorales.


Rubin Aibed Ciple ... un sobreviviente...

martes, 27 de septiembre de 2011

Vivir a fondo el vacío, los vacíos




He visto como mi vida
la he convertido en un desierto creciente.
Un desierto con una aridez que mata
con tempestades de arena que asfixian.

He experimentado el lado oscuro de la vida,
ese vivir desencantado y triste,
en medio de ese mar bravío
que prontamente me ha transformado
de navegante a un desesperado náufrago.

He visto y estoy viviendo bravamente
esta experiencia de vacío y de ausencia.
Algo me falta que me impide el descanso,
algo he perdido que me mueve a buscarlo.

Estoy amordazado y anulado
por una manta negra que alguien me ha tirado.
Estoy en manos de un torturador interior
que me  lleva y me deja en la estación del abandono.
Allí olvido mis mejores esperanzas
y bebo del agua podrida que me obliga el pesimismo.

Estoy viviendo la ausencia de sentido,
de relaciones afectuosas, de vínculos sanadores.

Estoy en la noche y en medio de mi propio desierto.
Como sonámbulo trato de salir dignamente
que no se noten que mis ojos han llorado,
que no se vean mis pies trastabillando,
que no muestre mi corazón huérfano de sueños.




Rubin Aibed Ciple ... un sobreviviente...

domingo, 10 de abril de 2011

Mi primera llovizna!!!


Hoy se ha levantado una lluvia tímida
casi avergonzada fue avanzando desde la noche,
en la madrugada sentí distinto el sonido
de los neumáticos de los autos que pasaban.

Me levanté y allí estaba ella tratando de mojar la calle,
algo hizo, me trajo la primera humedad de lluvia
me abrió el alma a la tierra mojada.

Tantos recuerdos que me trajo esta simple llovizna
miro ese niño que fue criado en las dunas y el mar,
pobre como pañuelo de pobre
sin lugar a ni una lagrima más.

Esa llovizna suave y tímida era mi confidente
la caminaba cuando llegaba a mi pueblo
me ponía algo grueso en las espaldas
y salía a caminarla y a confesarme con ella.

¡Cómo era feliz cuando ella llegaba
y se desde la ventana me miraba y me llamaba!
Era como mi madrina vieja
que me cada tanto me acariciaba
y yo soñaba con ella largos viajes
que nunca llegaron ni me dijeron nada.

Esa llovizna era distinta
ella no se anunciaba sino cuando ya estaba,
era concreta como un pan abierto
nada de dudas, nada de promesas
solamente un cumplimiento húmedo
una brisa con olor a tierra mojada
y mi caminar de niño pobre tras ella,
junto a ella o más bien, en ella.

domingo, 3 de abril de 2011

Sexo compro, sexo vendo




Si, hace tiempo que el sexo se ha convertido en mi vecino lejano.
Tanta pastilla, tras pastilla, que me han adormecido la memoria,
el ánimo, mi carácter rebelde... y eso también.

Si hace tiempo que he bajado mi ritmo productivo
ya no tengo esas gana que tenía al bajarme de los 30,
hoy hacerlo resulta un triunfo y una batalla.

Es raro, cuando veo que todo es sexo y que todo se vende con sexo.
Un poto vende mucho más que cien buenas razones.
Todo está sexualizado, ya es tiempo de cortarla ¿o no?

¿Qué hacer si se que es tan bueno hacerlo?
Seguiré por la huella contando margaritas
y cantando ese terrible estribillo de los Prisioneros:
sexo compro, sexo arriendo.

sábado, 26 de marzo de 2011

¡FUERA MALDITOS HÁBITOS DE MIERDA!

Romper la caja que me resguarda y que me guarda
de los otros y de mi propio juicio crítico... todo un desafío

Si, ya se que este título es agresivo,
¡pero que quieres si estoy depresivo!

Perdona, pero no sabes que soltar un poco de rabia
me hace tanto bien, me descomprime, me libera...

Te sigo contando mi vivencia cruda y dura
frente a los persistentes hábitos malditos:
Poco a poco esos hábitos que desde niño me enseñaron
y que tenían importancia por ser socialmente saludables
se hicieron tiranos insoportables de la vida, de MI vida.

Se me ha hecho un hábito competir en el trabajo,
demostrar que soy y que puedo más que los otros.

Se me ha hecho habitual que debo gastar y consumir
para cuidar las apariencias del poder y del tener
en un trabajo que me gasta, consume y fagocita cada día.

Se me ha hecho habitual que debo vivir para trabajar,
debo trabajar para consumir y poseer,
debo terminar viviendo para proteger esas posesiones.

¡Hábito de mierda que no hace sino encadenarme
a lo que se pudre, oxida, derrumba, desvalora, desecha!

Pero los nuevos y febriles hábitos
también han sobornado otras áreas de mi vida:
se me ha hecho tan habitual respirar, mirar, oler,
sentir frío, calor, evitar el dolor, comer una frutilla.

Se me ha hecho tan habitual tomar agua,
ducharme y sentir el correr del agua por mi cuerpo,
sin darme cuenta del milagro de ese líquido
que cuando falta, simplemente nos mata.

Se me ha hecho tan habitual comer
y culminar el ciclo en ese espacio personal y solitario
que me hace un animal aseado y educado.

Se me ha hecho habitual todo lo que es un milagro.
Sin embargo las cosas, las experiencias
no son tan habituales ni simples, no lo son.

Me lo decía el siquiatra y mi propia conciencia:
por una parte debo corregir esos hábitos esclavistas
los que me ordenan la vida en función de las apariencias,
el mercado, la producción y la competencia contra otros.

Por otra parte debo recuperar esa capacidad
que siendo niño me llevaba al umbral del asombro
y me permitía mirar por veinte minutos un nido de hormigas,
pararme frente a un grupo de amigo
y jugar a que éramos médicos de la Cruz Roja.
Debo recuperar mi capacidad para emocionarme
por aquello que a pesar de ser cotidiano
no lo debo convertir en un hábito inconsciente.

¿Qué le parece mi avance Señor Siquiatra?

No me dijo nada, pero me entregó las nuevas pastillas
con dosis más altas ya que estas reflexiones
aún son teóricas y no llego a un acercamiento
más claro con la realidad,
son ideas locas aún, de poco asidero en la vida real...

¿Y qué mierda quiere que haga?
El viejo sofá me seguía mirando con ojos compasivos.

jueves, 17 de marzo de 2011

DESDE UNA VIDA DESORDENADA




La entropía es el caos en las empresas,
es lo que destruye su sentido de existir,
divide las fuerzas internas y destruye el crecimiento.

Mi depresión en una entropía
es un caos que poco a poco se fue tomando mi vida.

Es un desorden interior y exterior,
es haber perdido la batalla
contra el despelote de mi vida
que yo creía tan organizada.

La Organización Mundial de la salud
define a la depresión como:
“Un desorden mental común
que se caracteriza por un estado de desmotivación,
perdida de interés o placer,
sentimientos de culpa o baja autoestima,
cambios de sueño y de hábitos alimenticios,
baja energía y concentración”.

Fíjate en las palabras claves que usa la OMS:
Desorden, común, desmotivación,
pérdida, culpa, baja autoestima,
problemas en sueño, alimentación, energía
y para terminar, falta de concentración.

¿Nos queda algo por rescatar?
La verdad es que hay que hacer un esfuerzo
por no deprimirse aún mas con esta definición.

En lo cotidiano la depresión
nos va dinamitando las defensas
que sostenían nuestras acciones,
nos acusa el golpe de alguna situación
provocada por la pérdida de algo, de alguien,
un shock impactante, inseguridad,
fallecimiento, cesantía, separación matrimonial, etc.

Todo lo anterior provoca entropía,
desgaste,cansancio, ansiedad, sensación de muerte.

En buenas cuentas algo o alguien
nos desordenó y desestabilizó la vida...
o yo mismo desordené y desestabilicé mi vida.

Es un tema de orden:
¿Qué priorizo?
¿Cuánto tiempo estoy dispuesto a entregar?
¿Qué sacrificios podré entregar?


miércoles, 9 de marzo de 2011

¿SABES CUÁNTOS TIPOS DE HÁBITOS EXISTEN?

C
on el tiempo me di cuenta de que los hábitos
se agrup
aban en dos tipos en mi vida:

los hábitos benditos y los hábitos malditos.

Los hábitos benditos
mejoraban mi convivir con otros
permitiendo educarme, cuidarme los dientes,
renunciar a la comida chatarra y bajar el colesterol,
caminar y hacer ejercicio, andar limpio y sonriente,
hacer una obra buena al día y andar peinado y olorosito.
Ellos me hacían cuidar el bien propio,
pero también me hacían responsable del bien ajeno.

Los hábitos malditos me permitían escalar y ganar,
competir y triunfar, consumir y gozar,
llenar mi escritorio de tarjetas de otros que como yo,
deseaban lograr contactos y peldaños para sus metas.

Malditos hábitos, sean malditos por siempre.
¿Debo agradecerles la farándula, el carrete,
la satisfacción y el placer inmediato?
¿Debo agradecerles que me hayan enseñado
a dopar mi conciencia, mi sentido crítico?
¿Debo agradecerles el despreciar valores
como la espera de bienes futuros,
el renunciar a bienes presentes
que no me eran ni necesarios,
ni sanos, ni éticos, ni humanizadores?

Los hábitos benditos, sean benditos por siempre,
los incorporé conversando con mi madre,
con una profesora loca y genial en una infancia hermosa.
Aún los tengo y me observan temerosos
cuando me invaden los hábitos malditos
y sus promesas de poder, tener y gozar
de las que no alcanzo a medir sus consecuencias.

Los hábitos malditos los adquirí por propia voluntad,
me ofrecían éxito, posición social y reconocimiento.
Me aseguraban colegios de calidad para mis hijos,
barrios y amigos que eran gente como uno,
en donde los picantes y pobres estarían por allá,
y nuestros hijos, amigos y nosotros por acá.

Malditos hábitos que me llevaron a la pasividad,
la sobre estima, el despilfarro y el vértigo sin freno,

Malditos hábitos que finalmente
me han armado una existencia pobre y vacía.
Me han amarrado a una consulta

y a este sofá de siquiatra
que me mira con ojos compasivos


Es cierto, el medio externo pudo más.
¿Cómo podía sobrevivir en esta brutal ciudad
sin hacer pacto con un hábito maldito?
¿Era posible tener todo lo que me exigía mi ambiente
sin matar laboralmente a otros y demostrar
que yo era más que todos ellos juntos?

¿Tenía otra alternativa un provinciano
avecindado y deslumbrado en la gran capital?
¿Valía la pena ganar un buen fondo de jubilación
pero llegar viejo de sueños, enfermo y triste
a recibir una pensión que gran parte de ella
la consumen remedios y mecánicos de la mente?

¿Qué piensa Señor siquiatra?

Dígame algo antes de tomar su pastilla
y caer dormido para olvidar estas respuestas...

sábado, 5 de marzo de 2011

OH MELANCOLÍA, NOVIA SILENCIOSA

"Viene a mí, avanza —viene tan despacio—,
viene en una danza leve en el espacio.
Cedo, me hago lacio y ya vuelo, ave.
Se mece la nave lenta, como el tul
en la brisa suave niña del azul.
Oh, melancolía, novia silenciosa,
íntima pareja del ayer.

Oh, melancolía, amante dichosa,
siempre me arrebata tu placer.
Oh, melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna como el mar.

Oh, melancolía, rosa del aliento,
dime quién me puede amar".
(Silvio Rodríguez)


Melancolía que seduce mis capacidades
para buscar la libertad en que debería haber vivido siempre
La melancolía, como la saudade brasileña
puede convertirse en un suave tul que nos coge,
alimenta nuestro silencio y nos arropa en su manto,
hasta maniatarnos y comprar por dos pesos nuestra libertad.

Así la melancolía que en un primer momento la vivía
como un estado de recuerdo agradable por el pasado vivido,
se ha convertido en una visita de una vieja amiga,
para transformarse en un cruel síntoma de una creciente depresión.

Dolorosa espina tanto para mi que la cargo
como para aquellos que comparten el espacio conmigo.

¿Qué pócima antidepresiva podrá tratar
este mi desorden afectivo y emocional?
¿Cómo podré prevenir esa relación

con los factores contribuyentes que me llevan
de una tranquila melancolía a una dolorosa depresión?

¿Es qué al recordar con afecto y sentimiento
estoy condenando mi mente al castigo enfermo
de esta carcelera que me seduce con pasión
a la vez que me somete, encarcela y abandona?

He vivido en este mundo de inicio de milenio
queriendo vivir lo más cuerdamente posible,
como me lo indicaban mis educadores,
mis amigos, la cultura en que crecí.

He vivido en un mundo en que me enseñaron
a jugar con los riesgos y a correr los límites,
todos los límites, los de la racionalidad,
el sentido común, la lógica, la ética.

He vivido en un mundo que me enseñó
a jugar con los equilibrios personales y sociales,
a no temer ponerme de cabeza
para ser coherente con este mundo al revés,
donde todo lo hemos dado vuelta y cambiado.

He jugado con los equilibrios fundamentales,
con la energía de la vida y del amor,
he trabajado y caminado en la cuerda floja
desafiando el abismo, todos los abismos.

He vivido en un mundo en que la locura colectiva,
el vértigo, la adrenalina, el juego y la sobrevivencia
compartían la mesa con nosotros todos los días.

He vivido lo que todos vivimos y seguiremos viviendo,
sin embargo a mi me han puesto el candado
y esta enorme cadena llamada melancolía
que me hace mirar hacia el pasado
y recordar lo que pude haber sido y no lo quise,
lo que pude haber amado y lo dejé tirado,
los hijos que me esperaban y no corrí tras ellos.

Sabes amigo siquiatra tras de ti veo algo,
una sombra que risueña me mira al decirte todo esto
y al ver tu cara de asombro por no darme respuestas
más allá de la química y de los gramos que cada noche
me adormecen y silencian
y que cada día de despiertan y activan
y hacen levemente a mis neuronas
recordar ese enorme futuro que me espera,
pero que por de pronto vivo encarcelado
en un pasado maldito y melancólico.

¡ Y YO QUE CREÍA QUE ERA ESPECIAL!




Con el pasar del tiempo he ido asumiendo la realidad:
Pareciera que tengo depresión,
o al menos manifiesto claramente conductas depresivas.
He recibido con esto un cerro de piedras
que he cargado por años en mis espaldas.

No lo creía posible, no para mi,
que siempre he tenido orden en mis cosas y en mi vida.

Me sentía extraño, con una suerte de enfermedad visible.

Al subirme en el metro o las micros
observaba a la gente, por si miraban,
y claro, siempre encontraba una mirada extraña
sobre mi frente, por mi espalda, de reojo.

Con el tiempo concluí que ellos me miraban de esa forma
porque primero yo les miraba a ellos extrañamente.

Me sentía extraño, como el único ser que sufría de depresión.
Sin embargo al conversar más en la intimidad con amigos,
fui dándome cuenta que no era el elegido, el escogido,
sino que simplemente era un pobre pez más en esa loca red.

Así es, muchos de mis sanos amigos,
eran enfermos del espíritu,
enfermos del ánimo, de la felicidad, de la armonía,
tal como yo lo vivía y sentía.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha dicho:
la depresión será la enfermedad
que más padecerán las personas del siglo XXI
afectando diversos aspectos de nuestra vida.

La OMS dice que más de 450 millones de personas
están directamente afectadas
por algún trastorno o discapacidad mental,
y la mayoría de éstas viven en los países en desarrollo.

¿Y no has visto en nuestras calles como vamos caminando?
Como pobres ovejas cabizbajas, tristes, apesadumbradas,
como si nos llevaran voluntariamente al matadero.

Somos millones los que hemos sufrido y estamos sufriendo
por esta moderna forma de vida que llevamos,
ya no damos más esta carrera que nos destina a ser carne barata.