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lunes, 19 de septiembre de 2011

Facundo Cabral... descubrimos a tus asesinos.



Foto tomada de la Televisión de Guatemala, a segundo de provocarse la muerte de Facundo.


Algunos dicen que los asesinos,
no querían asesinarte,
que fue un lamentable error.
Ellos dispararon hacia el empresario
que te llevaba al aeropuerto de Guatemala.
Claro, en el medio del camino de las balas
hacia ese empresario, estaba tú.

Daño colateral, accidente, muerte por error.
Podemos darle muchos nombres a las causas de tu muerte.
La verdad es que hay una sóla:
¡Nosotros y esta sociedad de mierda
que estamos construyendo te asesinamos!

Te asesinaron nuestros egoísmos,
aquellos espacios que poco vamos agrandando
entre mi YO todopoderoso y quienes me rodean.
El abarcar mayores zonas de poder,
de dinero, de territorios marcados
no es solamente tarea de los traficantes,
de los comerciantes, de los políticos,
de los usureros y codiciosos ...
yo también marco mi territorio,
pongo mis fronteras y exijo mis espacios.
En ellos gobierno como un educado dictador.

Te asesinaron nuestros nuevos criterios globales,
la competitividad enferma a que nos obliga el mercado.
Tengo que ganar y ganarlo todo de la forma más rápida,
de la forma más "eficiente" y destructiva para mi competencia.
El mercado solamente nos va convirtiendo en luchadores,
en gladiadores guerreando todos contra todos.

Te asesinaron mis silencios frente a otros muertos menos famosos,
aquellos niños muertos en la Población La Legua
que una bala loca y mortalmente inteligente
hizo todo lo posible para demostrar que su dueño
era dueño de todos los espacios y de todas las personas
que habitan, sufren y mueren en esos espacios.
¿Qué hice yo por esos muertos de  dientes aún no nacidos?
¿Acaso mi piel sudo pena por sus muertes?
¿Qué hice frente a la muerte del anciano 
no recibido en el hogar de viejos y muerte bajo tres grados de frío?

Nuestra complacencia te mató querido Facundo,
nuestro silencio frente a la arrogancia de los ricos y poderosos,
nuestra cabeza gacha cuando nos golpea la fusta del patrón,
nuestros ojos cerrados cuando nos envían a prostituírnos
entre mercaderes que buscan "recursos" entre los humanos.

Nuestras mariconadas al interior de la oficina 
complotaron en tu muerte Facundo,
hicimos del chaqueteo y de los comentarios maliciosos
una costumbre mata-honra de nuestros hermanos.

Un día cantaste Facundo sobre el color de la identidad
esa que nos permite SER, como SOMOS.

¿Y cuál será el color de la identidad?
"Ser feliz es mi color de identidad"...
"No soy de aqui... ni soy de alla 
no tengo edad ni porvenir 
y ser feliz es mi color de identidad"...
A pesar de no ser siempre una tonalidad clara y fuerte
es lo mayor que nos diferencia de los animales y los asesinos.

Quiera Dios que podamos tomar ese color cada día más,
quiera Dios que tus mensaje facundo sigan transitando 
por estas calles tan poco humanas que hemos creado.




lunes, 7 de marzo de 2011

¡Y QUE DECIRTE DE MIS HÁBITOS!


Esto de los hábitos se me ha hecho complejo
¡tengo cada hábito que me avergüenzo!

Me enseñaron que los hábitos (buenos o malos)
son aquellos actos que hago en forma repetitiva
y de forma sistemática, clara, observable.

Mi profesor jefe me dijo que un hábito
no es simplemente un acto ocasional
sino que es algo asiduo y que SIEMPRE repito
para luego pasar a ser una característica
clara y perceptible de mi persona,
ya que se integra, fusiona y funciona en mi vida.

¿De allí vendrá la idea de "hábito"
como vestido de los monjes
que finalmente uno los relaciona
con su forma de vida y su tipo de "habito"?

Son conductas recurrentes que terminé incorporando
en el vivir de cada día en forma totalmente inconsciente,
dejé de analizarlas, de mirarlas, de criticarlas,
así llegué a vivirlas por años de forma brutalmente inconsciente.

En mi vida tengo cientos de hábitos arraigados
con una influencia bárbara en mi vida
y también en la vida de quienes me rodean.

Con el tiempo me di cuenta de que los hábitos
se incorporaban con enorme facilidad en mi vida,
pero que una vez instalados en mi racionalidad,
(perdón, ni siquiera en ella, sino en mi subconsciente)
me apagaban todo el sentido crítico y de discernimiento
y se hacían dueño de mis acciones como piloto automático.

Mis hábitos tras largos años de convivencia
pasaron a ser profundamente míos y los defendía,
como se defiende a un vicioso por ser amigo o hijo.
Eran un signo de formación e identidad familiar.
Me gustaba que me dijeran: ¡usted es un caballero!
(aunque hiciera las cosas obligado y protestando interiormente).

¿Pensar en eliminarlos?
No lo consideraba necesario ya que me evitaban pensar.
Y en verdad esa es la función de un buen hábito:
incorporar un valor, llevarlo a una práctica,
hacer bien a los demás y a mi mismo...
¿Qué mejor que eso?

Claro que con el correr de los años
me he podido ver que no todos mis hábitos
eran cristalinos, solidarios, desprendidos y desinteresados...
se había instalado en mi la cultura
de lo utilizable, reutilizable y desechable.

Con ese correr de los años observé
que muchos llevaban un "habito"
que al igual que el vestido de los monjes
les caracterizaban socialmente de diversas formas:

- El amigo por conveniencia
- La trepadora sin escrúpulo
- El consumista compulsivo
- El arribista mitómano
- La prostituta elegante
- El gerente en campaña de ascenso
- El pobre diablo sumiso

Y dejo aparte y destacado a uno bastante cercano:

- El jefe todopoderoso,

miserable mixtura de padre,
patrón, torturador, productivista,
egoísta, basura disfrazada de eficiente,
pobre hombre debilitado por las cadenas productivas ...
esa genialidad, todo eso es lo que soy YO...